Volver
None

Un viaje entre viajeros: los taxis de Londres y sus misterios

Los taxis de Londres son mundialmente conocidos, y al igual que los de Nueva York, se interpretan como un símbolo que representa a su país. Merchandising, cuadros, películas… están presentes en cientos de sitios, pero hay muchas cosas que aún desconoces de ellos y que estamos seguros de que te sorprenderán.

Llegar a una ciudad tan emblemática como Londres puede ser una auténtica experiencia, y todo comienza desde que sales del aeropuerto y te subes a tu primer taxi. Aunque fuese la primera vez que cogieses uno, te sentirías como si ya lo hubieses vivido antes, porque aunque no te acuerdes, has viajado en uno de ellos en cualquier película londinense que te venga a la memoria. Pero, pese a ser tan emblemáticos que incluso serías capaz de imaginártelos con solo cerrar los ojos, hay muchas cosas que aún no sabes de ellos y que te servirán para no llevarte ninguna sorpresa.

Para comenzar, has de saber que su nombre, “black cab”, se ha quedado tan anticuado que ninguna de las dos palabras se corresponden con lo que ahora son en realidad.  “Black” hace referencia a su color bandera, el negro, y sin embargo los taxis ya no tienen por qué ser negros. De hecho pueden ser verdes, amarillos, rojos, azules u otros colores… o incluso estar cubiertos de publicidad. Aunque es cierto que la mayoría mantienen el negro para ser fácilmente reconocibles.  Por otro lado, “cab” proviene de la abreviatura de cabriolet, verbo francés que significa saltar. En su momento, los taxis comenzaron siendo carruajes y por tanto para bajar de ellos había que dar un pequeño salto, y de ahí el nombre.

Aunque hay algo que sí se mantiene inamovible: todos los taxis son el mismo modelo construido por un solo fabricante, LTI (London Taxi International). Las primeras licencias datan de 1639 y fueron concedidas a la Corporation of Coachmen, y en 1908 se introdujeron los primeros taxis motorizados.

Hoy en día, aunque no hay limitación en el número de licencias disponibles, conseguir una puede convertirse en una odisea digna de los más eruditos. Y es que “The Knowledge”, como se conoce al test que es necesario aprobar para conseguir la licencia, es uno de los más difíciles del mundo. Los aspirantes deben estudiar entre 2 y 4 años para conseguir aprobar y la media de convocatorias se establece en nada menos que 12.

Para aprobarlo, entre otras pruebas, tienen que saber calcular la ruta más rápida entre dos puntos, sean los que sean. Y una vez que consiguen la licencia, reciben una insignia verde. También hay una insignia amarilla para un área más pequeña del centro de Londres que no puede operar en las mismas zonas que la verde.

Por tanto, cuando subas a un taxi londinense sabrás que estás en buenas manos y no hará falta que saques el GPS para comprobar que no está dando rodeos para sacarse un “extra”. Ellos, a diferencia de los taxis de España, han tenido que estudiarse 320 rutas con 25.000 calles y 20.000 puntos de referencia, así como lugares de interés para recomendar, o enclaves importantes como hospitales o escuelas.

Otro dato curioso de los black cabs es que si padeces alguna enfermedad contagiosa, deberás informar de ello antes de subir, y será el taxista el que decida si te lleva o no. Si lo hace, después él deberá desinfectar el taxi antes de recoger a otra persona. Y todo ello está recogido en la Ley de Salud Pública de 1984.

Los taxis de Londres tienen otra peculiaridad, son grandes y cómodos. En su día se fabricaron pensando que debían ser lo suficientemente altos como para permitir a los pasajeros sentarse cómodamente aún llevando un sombrero (aunque no creemos que estuvieran pensando en los de la guardia del Buckingham Palace). Y aunque ya hayan pasado de moda los bombines, se agradece mucho ese espacio de más.

La accesibilidad está ampliamente incorporada: caben cinco personas además del conductor, están preparados para acoger sillas de ruedas, transportan perros guías sin coste adicional, tienen dispositivos de asistencia, rampas, asientos giratorios, peldaños intermedios, marcas de visualización en los asientos, asideros grandes de color, intercomunicadores y bucles de inducción para los audífonos. En cuanto a las tarifas (no todo podía ser bueno), son junto a las de Ámsterdam, las más caras de Europa. Levantar la bandera cuesta £2,6, y puedes hacerte una idea del resto de precios, aunque varían según la hora y el recorrido.

Por último, ten cuidado si ves a un taxista con la mano apoyada en la parte de atrás de su vehículo, podría estar orinando. Y es que, no está claro si es mito o realidad, pero según una interpretación de la Town Police Clauses Act de 1847, un conductor puede orinar en la rueda trasera izquierda de su vehículo si mantiene la mano derecha en el taxi… aunque como es evidente, la Law Commission rechaza esa interpretación.

No pierdas ni un segundo más y prepara ya tu viaje a Londres en las y vive en primera persona la experiencia de un blak cab. Comienza un viaje entre tu destino y tus recuerdos, pero no olvides que al final, solo será una carrera.

le-gallic-vincent-214074.jpg

¿Quieres ser bilingüe?

Rellena el formulario y contactaremos contigo

Cargando...

Thanks a lot!

Estás a un paso de ser bilingüe.

Ooooops!

Ha habido un error.